jueves, 7 de noviembre de 2013

«DESGARRADURA» ( y 2) - EMIL CIORAN

Fragmentos de Desgarradura, de E.M. Cioran, editado por Tusquets y traducido por Amelia Gamoneda. En concreto, estos textos pertenecen a la parte titulada «Esbozos de vértigo»:

ESBOZOS DE VÉRTIGO

«Lo que no puede traducirse en términos de mística no merece ser vivido».

«Un libro tiene que hurgar en las heridas, incluso provocarlas. Un libro ha de ser un peligro».


«Quien es lo suficientemente insensato como para embarcarse en una obra, sea cual sea la naturaleza de ésta, no tolera, en el fondo, la menor restricción sobre lo que hace. Las dudas sobre sí mismo lo minan demasiado como para, además, poder afrontar las que él inspira a los demás».

«Visita de un joven que una señora me había recomendado, dejando bien claro que se trataba de un «genio». Tras darme detalles de un viaje que acababa de hacer a África, me habló de sus preocupaciones, de sus lecturas, de sus proyectos. En todo lo que decía había algo que no encajaba, una excitación vacía que me incomodaba. Imposible saber quién era y cuál era su valía. Al cabo de una hora, se levantó, yo también me levanté, me miró fijamente y, entre concentrado y ausente, empezó a avanzar hacia mí despacio, muy despacio, como un caracol alucinado. Recuerdo haber pensado: «Este genio quiere asesinarme», y retrocedí un paso, con la firme decisión de asestarle un puñetazo en plena cara si seguía acercándose. Se paró, hizo un gesto nervioso, como si se violentase a sí mismo y como si, a semejanza del doctor Jekyll, se resistiese a alguna siniestra metamorfosis; luego se calmó y volvió a sentarse esforzándose por sonreír. No le hice ninguna pregunta que pudiese perturbarlo. Reanudamos la conversación exactamente donde la habíamos interrumpido y, a medida que volvía en sí, yo notaba que su estado me invadía y que ahora me tocaba a mí levantarme. Entonces, afortunadamente, se le ocurrió marcharse».

«Existir es un plagio».

«Nada nos vuelve modestos, ni siquiera el ver un cadáver».

«Un hombre que se respeta a sí mismo no tiene patria. La patria es una cosa pegajosa».

«Ese hombrecito ciego, que sólo tiene unos días de vida, que mueve la cabeza en todos los sentidos buscando no se sabe qué, esa nuca desnuda, esa calvicie original, ese mono ínfimo que se ha pasado meses en una letrina y que pronto, olvidando sus orígenes, escupirá sobre las galaxias…».

«Ser es estar atrapado».

«“Ni este mundo, ni el otro, ni la felicidad son para el ser entregado a la duda”.
Este punto de la Gita es mi sentencia de muerte».

«El éxito, los honores y toda su parafernalia sólo son disculpables si quien los conoce presiente que va a acabar mal. Así, los aceptará únicamente para, llegado el momento, disfrutar plenamente de su propio desmoronamiento».

«Fundar una familia. Creo que me hubiese sido más fácil fundar un imperio».

«Tras una grave enfermedad, en algunos países de Asia, en Laos, por ejemplo, se suele cambiar de nombre. ¡Cuánta clarividencia en el origen de esta costumbre! En verdad, deberíamos cambiar de nombre tras cada experiencia importante».

«Sólo una flor caída es una flor total, dijo un japonés. Cabría decir lo mismo de una civilización».

«La base de la sociedad, de cualquier sociedad, es un cierto orgullo de obedecer. Cuando este orgullo ya no existe, la sociedad se derrumba».

«No lucho contra el mundo, lucho contra una fuerza mayor, contra mi hastío del mundo».

«Es necesariamente vulgar todo aquello que está exento de un ligero toque fúnebre».

«En los accesos de optimismo, me digo que mi vida ha sido un infierno, mi infierno, un infierno a mi gusto».

«La amistad es un pacto, una convención. Dos seres se comprometen tácitamente a no airear nunca lo que, en el fondo, cada uno piensa del otro. Una especie de alianzas basada en cautelas. Cuando uno de ellos revela públicamente los defectos del otro, se denuncia el pacto, la alianza se quiebra. No hay amistad que dure si uno de los participantes rompe el juego. En otros términos, ninguna amistad soporta una dosis exagerada de franqueza».

«La vida es más y menos que el tedio, pese a que en el tedio y por el tedio discernamos lo que vale. Una vez que éste se ha insinuado en alguien, haciéndolo caer bajo su invisible hegemonía, a su lado todo parece insignificante. Cabría decir lo mismo del dolor. Sin duda. Pero el dolor está localizado, mientras que el tedio evoca un mal sin asidero, sin soporte, sin nada salvo esa nada inidentificable que nos erosiona. Erosión pura, cuyo efecto no es perceptible y que no metamorfosea lentamente en una ruina que pasa desapercibida para los demás, y prácticamente también para uno mismo».

«Si tuviésemos una percepción infalible de lo que somos, nos quedaría valor suficiente para acostarnos pero, sin duda, ya no para levantarnos».

«Decir que la muerte es la meta de la vida no es decir nada. Pero ¿qué otra cosa decir?».

«Todo proyecto es una forma de esclavitud camuflada».

«Qué gran locura es la de apegarse a los seres y a las cosas, pero aún es mayor la de creer que podemos despegarnos de ellos. ¡Haber querido renunciar a toda costa y seguir siendo sólo un candidato a la renuncia!».

«Hasta ahora, la muerte es lo más sólido que la vida ha inventado».

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