martes, 28 de agosto de 2012

"ME ACUERDO" - JAVIER SERRANO


573-Me acuerdo de esos hombres, a menudo gitanos, que pasaban por la calle gritando: «¡Ha llegado el chatarrerooo! ¡El chatarrerooo ha llegado, oigaaa! ¡El chatarrerooo, ha llegado el chatarrerooo!». El tapicero utilizaba una fórmula similar, pero sustituyendo «chatarrerooo» por «tapicerooo», mientras que el melonerooo gritaba lo de «¡Vaya meloneees que llevo hoy, señora!». Con todo, yo prefería la elegancia del afilador de cuchillos y tijeras: subido a su bicicleta, anunciaba su llegada con la melodía de un chiflo.


1 comentario:

  1. La melodía del afilador siempre me recuerda a días perezosos y soleados, alegres.
    El chatarrero sin embargo no tanto. Por aquí sigue pasando, mi compañera le llamó para que se llevase una nevera. Entró en la cocina, yo estaba cerca pero ni le veía a él ni él a mi. Le dijo que no se iba a llevar la lavadora. Luego -pensando que estaba ella sóla en casa- le pidió dinero sin más, mi compañera le dijo que no. Debió pasar mi perro -un galgo- y el hombre dijo que si se lo podía llevar. Asomé la cabeza y el hombre dio media vuelta y desapareció. Los únicos chatarreros que respeto son los que van con carritos de la compra, en Tetuán hay decenas, algunos de forma libre y otros bien organizados, con un centro de operaciones que es una antigua iglesia ocupada. Son gitanos de origen rumano, todas las mañanas bienu temprano salen varios carros en distintas direcciones a recoger la chatarra de los contenedores y por la tarde van echando todo a un camión aparcado enfrente de la iglesia. Luego lo transportan todo a un centro de reciclaje (donde pagan al paso) que está bastante cerca, en el mismo barrio. Yo les he observado, he hablado bastante con ellos, y funcionan como una empresa. Pero no como una empresa española donde la gente pierde el tiempo y se rasca las horas y las bolas, sino bastante eficiente, organizada y "productiva".

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