lunes, 1 de agosto de 2011

"STALKER" - ANDRÉI TARKOVSKY


Publicado por Javier Serrano en La República Cultural:
http://www.larepublicacultural.es/article4535.html

Stalker es una de esas películas extrañas, fascinantes, que se le instalan a uno en algún lugar del cerebro y luego ya no hay manera de sacarlas de ahí, y a cada rato, como un satori, vuelven sus imágenes, sus diálogos, su música, de una manera vívida a nuestra memoria. Stalker es una de las pocas películas que pudo dirigir el genial cineasta ruso Andréi Tarkovski, autor de otras películas también importantes como Solaris y Sacrificio.

La historia está basada en un relato de ciencia ficción de los hermanos Strugatski, Picnic a la vera del camino. Un meteorito cae en un lugar y a partir de ahí se producen ciertos fenómenos extraños que hacen aconsejable que ese lugar, la Zona, sea acotado por el ejército, aislándolo de la gente. De la Zona se dicen todo tipo de leyendas, entre ellas la de que existe un Cuarto donde los deseos son concedidos al que accede hasta allí. Como la Zona está fuertemente vigilada existen los denominados Stalkers, hombres especializados en colar a otras personas y conducirlos hasta el Cuarto. El Stalker protagonista, un hombre con un pasado carcelario y un presente amargo, tiene que llevar a dos hombres, Profesor y Escritor, hasta la Zona, ignorando cuáles son los motivos reales por los que éstos desean acceder al Cuarto.

Como es habitual en el cine de Andréi Tarkovski, a esa trama va superponiendo capas con contenido filosófico, poético, religioso, dándole al conjunto esa pátina metafísica característica. Sus escasos personajes (magistrales en sus respectivos papeles) parecen situados a veces sobre las tablas de un teatro, donde muestran sus dudas existenciales. Unas veces la cámara permanece fija, como el ojo de ese espectador al que en ocasiones se dirigen los personajes. En otros casos, la cámara se va acercando en lento y suave travelling, como si nos adentráramos en el alma de los intérpretes. Éstos hablan de cuestiones trascendentales: Dios, el destino del hombre, la búsqueda de la felicidad, la inspiración artística… estableciéndose debates entre Profesor y Escritor, entre ciencia y arte (y el papel de ambos en el mundo), salpicados con ocasionales chispas de humor o versos de poemas (del padre del propio director, Arseni Tarkovski, o fragmentos del Tao Te King, entre otros). No faltan momentos de conmovedora carga emocional, como esos travellings en que la lente de la cámara se mueve paralela al suelo, entreteniéndose en mostrarnos el lento discurrir de alguna corriente de agua, bajo cuya superficie inquietante nos topamos con objetos (que probablemente pertenecieron a otros que también intentaron la aventura) que han quedado sumergidos en el agua, en el tiempo.

En cuanto a la banda sonora, el sonido ambiente (pájaros, ladrido de perro, sonido de trenes, goteos de agua, el viento meciendo la hierba…) es incorporado a la música de Eduard Artémiev (procesada con sintetizadores electrónicos), y termina por calarle a uno, llegándole hasta el tuétano de los huesos.

Stalker mezcla dos tipos de fotografía: una en blanco y negro con tintes sepia, muy contrastada, y que crea una atmósfera opresiva y decadente; y otra en color, que resalta, sobre todo, la naturaleza desbordante que engulle las ruinas de la Zona.

Las localizaciones se corresponden con paisajes postindustriales ubicados en torno a la ciudad estona de Tallin: fábricas abandonadas, centrales hidroeléctricas o plantas químicas, vías de tren y estaciones en desuso, basura, niebla, humo… y mucha, mucha agua, agua sucia, contaminada, a veces estancada formando charcos inmundos, o en forma de corrientes que amenazan con anegarlo todo. Esos escenarios apocalípticos otorgan a la película, junto a la música y la fotografía, una belleza decadente, trascendental y melancólica, que se instala en nuestros cerebros. A destacar el papel que juega la Naturaleza que crece en el interior de la Zona, esa Naturaleza salvaje, por la casi nula influencia del hombre, y caprichosa, en tanto que cambiante a la hora de tender trampas a los intrusos y voluble en su forma de reaccionar ante ellos. La Zona no revela sus secretos a los recién llegados, sino que los va sometiendo a pruebas que sólo ella conoce, como si los seleccionara antes del premio final. Es precisamente este momento, cuando los forasteros consiguen llegar hasta el Cuarto, una de las secuencias cruciales de la cinta. Es un trance casi teatral, en que el trío de protagonistas habla sobre las razones propias y las de los otros que les han hecho aventurarse hasta allí, quedando desvelado cuanto hay de auténtico en sus deseos más profundos.

La cinta, conocida en algunos países de habla hispana como La zona, tuvo un rodaje accidentado, pues del material que se había rodado en primera instancia sólo se salvó una parte, siendo necesario el rodaje del resto tiempo después. En el DVD cada parte se corresponde con un disco.

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