"HWY AN AMERICAN PASTORAL" - JIM MORRISON


Publicado por Javier Serrano en larepublicacultural.es:

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Aparte de cantante de The Doors y poeta, de personaje excesivo y autodestructivo, Jim Morrison también fue un gran aficionado al cine. De hecho, se licenció en Artes Escénicas en la Escuela de Cine de la UCLA en 1965. Buena prueba de su interés por el séptimo arte es HWY An American Pastoral, una película experimental realizada en 1969 por Morrison y algunos de sus amigos: Frank Lisciandro, Paul Ferrara y Babe Hill.

HWY entraría dentro de eso que se llama cine de autor: no hay una línea argumental clara y apenas contiene diálogo. En palabras del propio Morrison: "Básicamente, no hay ninguna trama, ni tampoco historia en el sentido tradicional; una persona, interpretada por mí, baja de las montañas y haciendo autostop en el desierto llega a una ciudad moderna, Los Ángeles, y ahí es donde termina".

HWY es una película rara y abierta, podría tener todo tipo de lecturas, tantas como espectadores. Podría ser una película existencialista, un canto a la naturaleza… A su manera, HWY también es una road movie. El protagonista, un Jim Morrison autostopista de pelo y barba larga, conduce el Blue Lady, un Mustang Shelby azul oscuro (de su propiedad en la vida real). En la película no se explica (y tampoco importa) si se lo ha robado a su dueño, pero el Morrison conductor (posiblemente el mismo personaje que ese autostopista asesino en serie que aparece en la obra del cantante) nos contagia la inefable sensación de libertad al conducir, sin propósito alguno aparente, por las carreteras infinitas de Estados Unidos. HWY es, si se quiere también, un homenaje a la mentalidad beatnik, a la búsqueda incesante que movía a sus poetas.

Aparte del cantante de The Doors, el paisaje es otro de los protagonistas. Así, el desierto que aparece en la primera parte, un escenario en el que Morrison se sentía muy cómodo y al que de vez en cuando hacía escapadas, y donde, ayudado por sustancias alucinógenas, buscaba la expansión de su alma. O esa pequeña laguna secreta, en cuyas aguas se sumerge Morrison, con su habitual pantalón de cuero y su torso de dios griego al aire. O esa ciudad inhóspita que aparece al final de la cinta, en la que acaba nuestro anónimo héroe, perdido, incrustado como uno más.

En HWY no falta alguna secuencia dura, como ésa en la que un coyote atropellado agoniza en mitad de la carretera, sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Este momento debió de recordarle a Morrison otro que le ocurrió siendo apenas un crío y que marcaría su existencia , hablo de cuando viajaba con su familia en un coche y pudo contemplar el accidente sucedido en una carretera, en algún lugar del desierto, el choque entre un coche y un camión cargado de indios que acabaría componiendo una escena dramática y dantesca, de cuerpos mutilados y gritos, en la que el alma de uno de aquellos indios moribundos -cuenta Morrison- se debió de colar en su cuerpo de niño asustado. Este recuerdo, que le persiguió toda su vida, remite a su vez a otro suceso, el que le ocurrió a Nietzsche (al que el cantante de The Doors profesaba abierta admiración) cuando, en un accidente protagonizado por un coche tirado por un caballo, el conductor del coche azota al caballo herido para que continúe la marcha. El suceso debió de ser tan doloroso para Nietzsche que desencadenó en él una especie de locura que lo dejaría sumido durante sus últimos años en un estado demencial.

Dada la austeridad argumental, los efectos sonoros cobran una gran importancia en el filme: ruidos de animales, tráfico de la ciudad, cantos tribales, trompetas tibetanas… La música está sabiamente escogida por otro amigo de Morrison: el compositor y pianista Fred Myrow.

HWY es una cinta imprescindible para los admiradores de Jim Morrison y The Doors, y de gran interés para los aficionados al cine en general y las rarezas en particular. Dura unos 51 minutos y no se estrenó nunca ni hay copias oficiales, lo que le confiere un aura de película fantasma.


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