jueves, 7 de abril de 2011

"IMPERFECTO" - LEOPOLDO MARÍA PANERO

Extraído del libro "Así se fundó Carnaby Street".

Inclinó la cabeza sobre el cadáver. Sobre el lago: mundos sumergidos. Vio reflejada su propia imagen. En los ojos de Anne, aquella tarde, en la escalinata del Sacré Coeur, no encontró una respuesta. El cielo se llenó de nubarrones, pero no llovería jamás sobre las inmensas praderas de Kentucky. La lluvia resbalaba sobre el cadáver, la gente descendía a nuestro lado, sin mirarnos. Algo había en el fondo: una sombra, se movía, parecía mirarnos. Mundos sumergidos. El cielo, alto. Llovía aquella tarde en París y no supimos dónde refugiarnos. No encontró una respuesta. Antes de morir trató de de decir algo, acaso un nombre, una fecha. Trató de besarla, ella volvió la cabeza y empezó a hablar rápidamente, de Jim, del "Dragón Rojo". Faltaba poco tiempo para que se despidieran. Al fin llegó la ambulancia, inútil. Era preciso decirle algo, tratar de arreglarlo como fuera. No le contestó nadie aquella noche, en el lago. Nunca llovería sobre Kentucky. Subieron el cadáver lentamente a la ambulancia, como si estuviera a punto de decir algo. Antes de que se marchara, de que abandonara la ciudad para siempre. Mientras, la lluvia resbalaba sobre los cabellos de Anne, sobre su impermeable. Manchado de sangre, se mezclaba con ella, caía sobre el asfalto. Arrojé una piedra al agua. Los bosques. Nací allí, pasé mi infancia en la finca de mi abuelo. Hubo una gran sequía que abrasó los campos. Mi abuelo aún recordaba a los indios. Hablaba mucho, continuamente. "¿Por qué ahora de Jim?", pensó. "¿Por qué precisamente de Jim?". En aquel portal. La sirena de la ambulancia, los titulares de los periódicos, las fotografías, los interrogatorios: inútiles. Una ficha en el depósito de cadáveres. Los Museos de Cera. Se había olvidado de la pregunta y ahora ella hablaba rápidamente, los automóviles, luces rojas. Mi abuelo, aquella noche, me confesó que siempre hubiera deseado perder la memoria. Un tipo extraño, es viejo, tiene manías. El policía lo golpeó con la culata del revólver. Era imposible que lo hubiese olvidado. Las golondrinas.

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