domingo, 12 de diciembre de 2010

LAS ARMAS Y LAS LETRAS (22) - Antonio Machado y "aquellos días azules..."


En el libro de Andrés Trapiello, "Las armas y las letras", en su página 464 se puede leer lo siguiente:

"Otros tuvieron mejor suerte, si así puede llamarse. Machado, enfermo y viejo, con su madre y su hermano José, sale de España en el mes de enero. El 27 cruzaban la frontera, junto a Navarro Tomás, Riba, Corpus... De ese viaje se conserva una fotografía en la que varios hombres hacen un alto en el Mas Faixat del Ampurdán. Todos guardaban silencio, sentados bajos unos árboles sin hojas, y hacen tiempo. Machado parece entretenerse en dibujar en la tierra con la contera de su bastón Dios sabe qué enigmáticas cifras de lo que había vivido y lo poco que habría de vivir. De este penoso viaje a ninguna parte hay un relato estremecedor de uno de los testigos y miembros de la comitiva, el filósofo José Xirau, Por un camino claro, minucioso de detalles, de noticias, de fervoroso y devoto recuerdo para el maestro sevillano. Una mujer, Nuria Folch, aseguró pasar la noche en un tren "atestado de gente, cerca de la frontera", junto a Machado, y recordaba que el "el poeta, ya muy enfermo, era acunado como un niño por su madre, de noventa años".
Llegó la comitiva al pequeño pueblo costero francés de Collioure y Corpus Barga le buscó al poeta acomodo en un hotelito familiar, el hotel Bougnol Quintana.
Desde allí escribe Machado a Bergamín, al que agradece las gestiones que éste hizo para llevárselo a Inglaterra de profesor. "Así pues, el problema queda reducido -le dirá en esa carta- a la necesidad de un apoyo pecuniario a partir del mes que viene, bien para continuar aquí en las condiciones actuales, bien para trasladarme a alguna localidad no lejana donde poder vivir en un pisito amueblado en las condiciones más modestas". Había vivido en Barcelona en el palacio de los duques de Muragas, pero Machado, como muy bien lo conocía J.R.J., era el hombre más indiferente a tales lujos.
La carta lleva fecha del 9 de febrero de 1939. El 20 de ese mes morirá uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, y dos días después, su madre. Trabajaba esos días en un prólogo que debería ponerse al frente de cuatro discursos de Manuel Azaña que no pudieron publicarse, como estaba previsto, en Barcelona; y en un nuevo poemas, escrito en versos alejandrinos. El prólogo, concluido, es ejemplo de lealtad y admiración hacia el presidente de la República; del poema solo llegó a terminar el primer verso, un verso que, sabiéndolo el último, cierra admirable, enigmáticamente su obra y su vida, abriéndonosla a la poesía y a la vida de todos y de siempre: "Estos días azules y este sol de la infancia...". Sampelayo asegura en su crónica que a ruegos de la madre, Zugazagoitia, Cruz Salido y él mismo lo amortajaron con un hábito franciscano y a falta de cordón se sirvieron de una liza que facilitó la patrona del hotel, a quien previamente Zugazagoitia convenció con dinero para que permitiese que el velorio se pudiese organizar allí mismo. Este hecho también suele ser omitido en las biografías del poeta. La madre, que moriría dos días después, como se ha dicho, quería que a su hijo Antonio se le enterrase como se había enterrado a Demófilo, su padre, y a su abuelo, con aquel sayal frailuno. Nada de esto fue referido por ningún otro de los presentes. La mujer de José, Matea, aseguró que le amortajaron con una sábana. ¿Se lo inventó todo Sampelayo? Quién sabe ya a estas alturas. Manuel Machado sería amortajado con ese hábito, y de ello sí hay constancia."

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