martes, 20 de noviembre de 2018

«DOMINION» - CHRIS DELFORCE

Dominion es un documental australiano rodado por Chris Delforce que transcurre en su mayor parte en Australia, más concretamente en los mataderos que abastecen la industria cárnica de dicho país.
La cinta es la secuela de la película Lucent (2014), del mismo director, centrada en la explotación de los cerdos en las granjas australianas. Dominion es un alegato contra el maltrato animal en cualquiera de sus modalidades, desde la más evidente, esa que busca alimentar una sociedad predominantemente carnívora y depredadora, hasta otras menos obvias: la industria de la piel, la experimentación clínica, la compra-venta de mascotas, el entretenimiento…
Ese dominio al que alude el título se basa en tres pilares: la superioridad moral del hombre sobre otras especies, la fuerza bruta y la ciega complicidad por parte del consumidor (amparado en el «ojos que no ven, corazón que no siente»).
Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Sia, Sadie Sink y Kat Von D prestan su voz a este documental, coproducido por Shaun Monson, el director de una cinta anterior de idéntica temática, Earthlings (Terrícolas) (2005), y por una larga lista de crowdfunders.
La película está estructurada en unidades más pequeñas dedicadas a cada especie, con datos referidos a Australia y otros países anglosajones, y también China, pero extrapolables a otros lugares del mundo. Vacas, conejos, ovejas, cerdos, pollos, pavos… pero también caballos, perros, gatos, animales de circo, animales exóticos, camellos, galgos, delfines, salmones… Allá donde el hombre pueda obtener un beneficio económico habrá explotación en forma de maltrato sobre algún animal. Para los amigos de los números: «A lo largo de nuestra historia, 619 millones de humanos fueron aniquilados durante las guerras. Matamos el mismo número de animales cada 3 días, y esto sin contar peces y otros animales del mar cuyas muertes son contabilizada por toneladas». Pese a todo, los humanos seguimos justificando la agricultura animal. Es algo tan normal, necesario y natural que ni siquiera nos lo cuestionamos, se da por hecho. Además, somos más inteligentes, más fuertes… Esta justificación no es nueva: ya fue usada por el hombre blanco para esclavizar al hombre negro; por los nazis para matar a los judíos; por los hombres para silenciar y oprimir a las mujeres.
La mirada animal nos interpela al principio de cada sección. Si uno aguanta esa mirada por algún tiempo, descubrirá que hay algo en esos ojos que nos produce perplejidad, también tristeza. Detrás de esos ojos hay una vida que siente, que ama, que sufre… un ser vivo, en definitiva, no muy diferente a nosotros. Solo que esos animales nacen, crecen, son engordados y luego aniquilados en los mataderos. Mataderos que a menudo son contemplados desde arriba, a ojos de un ser superior, mediante espectaculares tomas aéreas rodadas con drones. Edificios y movimientos de masas que nos recuerdan a los campos de concentración nazis instalados en el imaginario colectivo. Bellas imágenes que ocultan todo el horror encerrado entre esos muros. Gas letal, pistolas de bala cautiva colocadas a corta distancia de la cabeza del animal, puñetazos y patadas propinados por matarifes desquiciados, baños de agua electrificada, cuchillos afilados, hachas, martillos, degüellos, picotazos, canibalismo… cualquier instrumento o técnica capaz de matar es válido, incluso bienvenido, en una industria cuyo fin último es justamente ese: matar animales. Cuerpos hipertrofiados por el exceso de alimentación y de luz eléctrica, gritos de dolor, estrés, heridas mortíferas, terneros apartados de sus madres nada más nacer, pollos sacrificados por improductivos, hembras convertidas en máquinas de parir... Y todo ello en medio de abundante materia fecal, untuosa metáfora de la industria cárnica, que hace que el espectador casi pueda sentir el mefítico olor del amonio.
Otras veces somos más piadosos: jaulas más grandes, más espacio vital, un gas menos doloroso… pero en lo esencial nada cambia: se trata de matar a alguien que quiere vivir.
Todo eso es lo que nos muestra Dominion, un espectáculo no apto para todos los gustos que se propone removernos las tripas, sacudir la conciencia del espectador y hacerle reflexionar sobre la responsabilidad que cada uno tiene, incluso aunque mire hacia otro lado, en una masacre de proporciones gigantescas. Como dijo Ralph Waldo Emerson: «Acabas de cenar, y no importa que el matadero esté escrupulosamente escondido a miles de kilómetros, hay complicidad».

Dominion se puede descargar gratis en: https://www.dominionmovement.com/download



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