miércoles, 4 de septiembre de 2013

«EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS» (III) - ERNESTO SABATO

Fragmentos de El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato, publicado por Seix Barral:

«LA MISTERIOSA CREACIÓN
“Por inferior que sea la obra al sueño ¿quién no la contempla estupefacto y pasivo? ¿Quién no encuentra en ella cosas ignotas?” (Pavese)».

«LA PALABRA EXACTA
Quelle que soit la chose qu'on veut dire, il n'y a qu'un mot pour l'exprimer, qu'un verbe pour l'anirner et qu'un adjectif pour la qualifier. Il faut donc chercher jusqu'a ce qu'on les ait découverts, ce mot, ce verbe et cet adjectif, et ne jamais se contenter de l'a peu prés, ne jamais avoir recours á des supercheries, méme heureuses, á des clowneries de langage pour éviter la difficulté” (Maupassant)»
“Sea cual sea lo que queremos decir, existe una sola palabra para expresarlo, un verbo para animarlo y un adjetivo para calificarlo. Por lo tanto, es preciso buscar, hasta descubrirlos, esa palabra, ese verbo y ese adjetivo, y no contentarse nunca con algo aproximado, no recurrir jamás a superchería, aunque sean afortunadas, a equilibrios lingüísticos para evitar la dificultad” (Maupassant, del prólogo a "Pierre et Jean").

«DE LA COSA A LA ANGUSTIA
Lanzado ciegamente a la conquista del mundo externo, preocupado por el solo manejo de las cosas, el hombre terminó por cosificarse él mismo, cayendo al mundo bruto en que rige el ciego determinismo. Empujado por los objetos, títere de la misma circunstancia que había contribuido a crear, el hombre dejó de ser libre, y se volvió tan anónimo e impersonal como sus instrumentos. Ya no vive en el tiempo originario del ser sino en el tiempo de sus propios relojes. Es la caída del ser en el mundo, es la exteriorización y la banalización de su existencia. Ha ganado el mundo pero se ha perdido a sí mismo.
Hasta que la angustia lo despierta, aunque lo despierte a un universo de pesadilla. Tambaleante y ansioso busca nuevamente el camino de sí mismo, en medio de las tinieblas. Algo le susurra que a pesar de todo es libre o puede serlo, que de cualquier modo él no es equiparable a un engranaje. Y hasta el hecho de descubrirse mortal, la angustiosa convicción de comprender su finitud también de algún modo es reconfortante, porque al fin de cuentas le prueba que es algo distinto a aquel engranaje indiferente y neutro: le demuestra que es un ser humano. Nada más pero nada menos que un hombre».

«EL GRAN TESTIGO
La inmensa mayoría escribe porque buscan fama y dinero, por distracción, porque meramente tienen facilidad, porque no resisten la vanidad de ver su nombre en letras de molde.
Quedan entonces los pocos que cuentan: aquellos que sienten la necesidad oscura pero obsesiva de testimoniar su drama, su desdicha, su soledad. Son los testigos, es decir los mártires de una época. Son hombres que no escriben con facilidad sino con desgarramiento. Son individuos a contramano, terroristas o fuera de la ley.
Esos hombres sueñan un poco el sueño colectivo. Pero a diferencia de las pesadillas nocturnas, sus obras vuelven de esas tenebrosas regiones en que se sumieron y siniestramente se alimentaron, son la expresión o presión hacia el mundo de esas visiones infernales; momento por el cual se convierte en una tentativa de liberación del propio creador y de todos aquellos que, como hipnotizados, siguen sus impulsos y sus órdenes secretas. Motivo por el cual la obra de arte tiene no sólo un valor testimonial sino un poder catártico, y precisamente por expresar las ansiedades más entrañables de él y de los hombres que lo rodean.
Nada más equivocado, pues, que pedirle a la literatura el testimonio de lo social o lo político. Escribir en grande, simplemente es, sin más atributos. Pues si es profundo, el artista inevitablemente está ofreciendo el testimonio de él, del mundo en que vive y de la condición humana del hombre de su tiempo y circunstancia. Y dado que el hombre es un animal político, económico, social y metafísico, en la medida en que su documento sea profundo también será (directa o indirectamente, tácita o explícitamente) un documento de las condiciones de la existencia concreta de su tiempo y lugar.

DECIR LA VERDAD Y TODA LA VERDAD
«La chose la plus difficile, quand on a commencé d'écrire, c'est d'étre sincere. Il faudra remuer cette idée et definir ce qu'est la sincérité artistique. Je trouve ceci, provisoiremente: que jamais le mot ne precede l'idee. Ou bien: que le mot soit toujours nécessité par elle; il faut qu'il soit irresistible, insupprimable, et de même pour la phrase, pour l'oeuvre tout entiére. Et pour la vie entiére de l'artiste, il faut que sa vocation soit irresistible; qu'il ne puisse pas ne pas écrire.» (Gide.)
“Lo más difícil, cuando se empieza a escribir, es ser sincero. Hay que abandonar esta idea y definir lo que es la sinceridad artística. Se me ocurre, provisionalmente: que jamás la palabra preceda a la idea. O bien: que la palabra sea siempre necesitada por ella; debe ser irresistible, insuprimible, y lo mismo para la frase, y para la obra entera. Y para la vida entera del artista, es necesario que su vocación sea irresistible; que no pueda no escribir” (Gide).

EL OTRO OFICIO DEL ESCRITOR
Si nos llega dinero por nuestra obra, está bien. Pero escribir para ganar dinero es una abominación. Esa abominación se paga con el abominable producto que así se engendra». 

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