miércoles, 9 de enero de 2013

«LA NUEVA NOVELA» - ROBERT WALSER

... La nueva novela es un relato breve de Robert Walser, traducido por Juan José del Solar e incluido en el volumen Vida de poeta (Editorial Alfaguara)...


Era gente estimabilísima, buena, estupenda, muy querida; sólo que, por desgracia, me preguntaban todo el tiempo por mi nueva novela, y eso era espantoso.
Me topaba por la calle con algún estimable conocido, y en seguida me preguntaba: «¿Cómo va su nueva novela? Mucha gente ávida se alegra ya desde ahora y aguarda ansiosamente su nueva novela. ¿Verdad que dejó usted entrever que estaba escribiendo una nueva novela? ¡Ojalá aparezca pronto!»
¡Ay mísero de mí, digno de toda compasión!
Cierto es que yo había dado toda suerte de indicios. Es verdad. Había sido lo suficiente-mente necio e incauto como para dejar entrever que una nueva gran novela estaba fluyendo de mi pluma o de mi pluma-fuente.
¡Y ahora me hallaba en apuros! ¡Estaba perdido!
Espantoso era mi estado, terrible mi situación.
Si iba a alguna reunión, no tardaba en oír, ora de éste, ora de aquel rincón: «¿Cuándo saldrá su nueva e importante novela?»
Ya estaba al borde del desmayo.
«¿Por qué habré tenido la feliz idea de dejar entrever que una nueva novela estaba medrando y floreciendo?», clamaba una voz dentro de mí, llena de desesperación.
Mi indignación era tan grande como mi vergüenza. Sólo venciendo una especie de pánico me atrevía a entrar de vez en cuando en casas cuya hospitalidad y simpatía me habían encantado en otros tiempos.
Para mi editor, hombre estimable en todos los aspectos, yo me había convertido poco a poco en blanco de preocupaciones del mayor calibre. Cuando iba a verlo, él solía mirarme siempre con profunda tristeza y abatimiento, como si tuviera ante sus ojos a un hijo monstruoso. Cualquiera comprenderá fácilmente que aquello me indignase.
Para el hombre más estimable del mundo había yo llegado a ser objeto de melancólica meditación.
Suavemente y sin esperanza, con una apagada voz de funeral, como si se tratara de cosas totalmente irremediables, me preguntó un día:
—¿Cómo va su nueva novela de gran calibre?
—Va avanzando lentamente —le respondí con voz átona.
Pero yo mismo no creía en mis palabras, y menos aún el más estimable de todos los hombres. Se limitó a esbozar una sonrisa lánguida, exhausta, desencantada.
De esa forma sólo sonríe un hombre que está dispuesto —y así quiere darlo a entender— a renunciar a cualquier tipo de lucimiento.
En cierta ocasión me dijo:
—Si no me trae esa nueva novela de éxito, es del todo inútil —o casi— que venga usted a verme. Me apena ver a un escritor que, en vez de traerme su nueva gran novela, no hace sino prometérmela, por eso quisiera pedirle que se abstenga de visitarme mientras no esté en condiciones de poner sobre mi mesa su nueva y estupenda novela.
Estaba aniquilado.
—¡Oh, si nunca hubiera dejado traslucir que estaba trabajando en una nueva y respetable novela! ¡Ah, por qué se me ocurriría prometer algo que no logro entregar ni poner sobre la mesa! ¡Ojalá nunca hubiera dado a entender que una novela tan bella como emocionante y voluminosa estaba en marcha y probablemente aparecería muy pronto!
Así exclamé en voz alta, así me quejé, y me sentí destruido.
Y conocí de cerca y plenamente la miserable situación en que se encuentra un novelista que, de buena fe, promete entregar su nueva, asombrosa y emocionante novela y, de hecho, no la entrega ni pone sobre la mesa, que más que escribirla, deja entrever que lo está haciendo.
No pude dejarme ver más en sociedad ni entre las estimables personas que tienen por costumbre interrogar a un novelista sobre su nueva novela. No obstante, pronto puse un brusco fin a tan lamentable y angustioso estado evaporándome un buen día, como quien dice, y partiendo muy lejos.

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