"EL PLANETA DE LOS SIMIOS" - FRANKLIN JAMES SCHAFFNER



Publicado por Javier Serrano en: http://www.larepublicacultural.es/article5183.html

25.11.3978. Una nave se estrella en un extraño planeta. El coronel George Taylor (Charlton Heston) y los otros dos supervivientes recorren su superficie desolada, desértica, a la búsqueda de alguna señal de vida. Algo después llegan a otra parte del misterioso mundo, rica en vegetación y agua, donde, tras serles robada la ropa mientras se bañaban, tiene lugar el primer descubrimiento perturbador: una multitud de humanos semidesnudos y de aspecto salvaje alimentándose del fruto de plantas y árboles. Segundo hallazgo: simios armados y a caballo persiguiendo y capturando a todo el grupo, incluido el trío de supervivientes. Primer punto de giro: por alguna razón que el espectador desconoce las reglas se han subvertido y son los humanos los que son tratados como bestias salvajes por los simios, que imponen por la fuerza su ley en el extraño planeta. Lo que sigue es el intento de Taylor por escapar de esta pesadilla antropomorfa (basada en la novela homónima del francés Pierre Boulle) en la que misteriosamente habla el mismo idioma que sus captores, y descubrir en qué planeta se encuentra.
Como película de aventuras que es, El planeta de los simios contiene escenas de acción trepidante, con persecuciones, tiros, violencia, enfatizadas si cabe por lo torcido del planteamiento: en esta ocasión son los humanos los perseguidos y no los perseguidores. Este es el quid de la película, lo que nos provoca turbación y que añade un contenido intelectual más allá de la acción en estado puro: la alteración del orden "natural" de las cosas, con hombres metidos en jaulas, exhibidos en zoos o disecados en museos. ¿Cómo se ha podido llegar a eso? Taylor, acompañado de la sensual y silente hembra que es Nova, trata de averiguarlo y de demostrar que él no es ningún salvaje, que pertenece a una raza superior a la de los simios. Estos, por su parte, desconfían de los hombres, esos animales desprovistos casi totalmente de pelo y que no pueden ni siquiera ser domesticados. La película está salpicada de interrogantes filosóficos: ¿quién es superior: el hombre o el mono?, ¿pueden tener derechos los animales (en este caso los hombres)?, ¿se puede esterilizar a un animal? El planeta de los simios, aparte de su contenido antiracista, es también un alegato antibelicista contra las guerras que pueden acabar con el medio natural y hasta con civilizaciones enteras; crítica esta que sigue teniendo vigencia en nuestros días.
El grupo de los simios está divididos en castas, que se diferencian por su vestuario: los jóvenes y sensibles chimpancés son los científicos, los robustos y embrutecidos gorilas son los vigilantes, y los viejos y sabios orangutanes encarnan a los religiosos y a los políticos. A su vez, se pueden encontrar dos subgrupos: el principal, capitaneado por el anciano Doctor Zaius y sus secuaces, formado por la mayoría ortodoxa que piensa que los humanos son seres inferiores y que como tal hay que tratarlos; y un segundo grupo minoritario, el formado por la pareja de científicos Zira y Cornelius, que trata de estudiar el comportamiento humano y averiguar qué pasó milenios atrás. Ambos grupos, el de la ciencia ortodoxa (tan llena de prejuicios y tan intolerante en sus planteamientos religiosos, raciales y científicos como la ciencia humana) y el de la ciencia hereje, están enfrentados en su tratamiento del colectivo humano, personalizado en el coronel Taylor, esa especie de Tarzán musculado y con bisoñé, un héroe violento cuyo instinto asesino parece reafirmarse cada vez que empuña un arma (como si ya anticipara de alguna manera su futuro cargo como presidente de la National Rifle Association americana).
El planeta de los simios tiene estupendos hallazgos que explican el porqué de su éxito. Uno de ellos es el maquillaje de los simios, que le valdría un oscar a John Chambers. El escenario donde transcurre la película (filmado en California, Utah y Arizona) está hermosamente fotografiado por Leon Shamroy, destacando especialmente los planos aéreos de la denominada Zona Prohibida, desolada y desértica, repleta de inquietantes cañones erosionados por el paso del tiempo. En cuanto a los interiores de cartón piedra, el tiempo les ha añadido una pátina kistch que no merma su encanto, sino más bien todo lo contrario. Otro de los aciertos es la estupenda banda sonora, a cargo de Jerry Goldsmith, con piezas desasosegantes que forman una simbiosis perfecta con el yermo paisaje de la Zona Prohibida; una música perfectamente engastada en la trama de la película, realzando con sus sonidos de gruñidos de primates los momentos más tensos y violentos de la cinta, y con sus silencios turbadores la angustia de Taylor y los de su raza (es decir, la nuestra).
El final de esta joya de la ciencia ficción es sorprendente y de los más recordados en la historia del cine. Tampoco faltan pequeños detalles de humor como ese grupo de simios haciéndose una foto con algunas de las presas que han cobrado en la cacería del inicio de la película, o el "piquito" final de despedida entre Taylor y la sensible simio Zira, ante la mirada celosa de sus respectivas parejas.
El planeta de los simios tuvo cuatro secuelas cinematográficas, una serie de televisión de 14 episodios (con Roddy McDowall como único superviviente del original), otra serie televisiva de animación de 13 episodios y el remake rodado por Tim Burton en 2001. El director, Franklin James Schaffner, quizás no es demasiado conocido, pero ha dirigido películas como El señor de la guerra, Patton, Papillon o Los niños del Brasil, entre otras.

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