jueves, 9 de junio de 2011

"MAREA HUMANA" - BENJAMÍN PRADO


Poemas de Benjamín Prado incluidos en el poemario Marea humana (Visor Libros), galardonado con el VIII Premio Internacional de Poesía Generación del 27:

EL SOÑADOR

Una noche soñé que era Pablo Neruda.

Estaba en una playa
y oí en mi corazón segundos rojos,
vi en el cuarzo una suma de erizos y tormentas,
vi en la gaviota un cruce del vértigo y la nieve.
Todo era tan real.

Un clavel era el ojo de quien mira un incendio.
La escarcha era una lluvia de cúpulas deshechas.
Los destellos del oro,
avispas que volaban en torno a su panal.

Yo fui Pablo Neruda,
compré diamantes en las fruterías,
domaba diccionarios con un látigo verde
y cavé un túnel que iba del pan a las banderas.

Tú venías a mí
como septiembre acude a las manzanas.

Cuando me desperté,
la sombra de los árboles
le ponía a la luz sus negras herraduras.

Cuando me desperté
no quedaban ni viento ni banderas
y te había perdido.

A veces es tan triste no ser Pablo Neruda
y que la noche sea nada más que noche
y el día, sólo el día.

Del mismo poemario Marea humana, extraído de la segunda parte titulada El enamorado:

II

Mi amor me dijo un día:
-No olvides que te quiero y olvídate de mí.
Yo intento obedecerla,
partirme en dos y ser como el ángel de Borges
que volaba a la vez a oriente y occidente,
al norte y hacia el sur.
Partirme en dos y que uno de nosotros
pueda seguirla siempre,
pueda siempre creer que no se ha ido.

Al hombre que no olvida que le quiere
no lo van a vencer ni el tiempo ni la duda;
no podrá la tristeza cavar en él sus minas
o el desánimo abrir sus embajadas.
Y tachará las sombras,
simplemente,
con escribir su nombre:
como cuando corrige la oscuridad del mundo
la gramática blanca de la nieve.

El hombre al que suplica que la olvide,
sufrirá la distancia,
la amargura,
el silencio implacable que latido a latido
forma
su perla negra
dentro del corazón.
Y todo será igual que beber con las manos:
el agua que retenga no va a apagar su sed
y el agua que se escape, se llevará su vida.

Por las noches,
los dos
duermen pensando en ella.
Y al despertar,
hay uno a quien va a herir el sol
-porque los sueños arden con la luz
y la verdad, a veces, es una quemadura-
y otro que va a decirle:
-Como yo sé que sólo aquel que acepta el vértigo
se merece las cimas,
mi amor, sigue matándome,
que para mí no hay muerte más hermosa
que morirme sin ti mientras te espero.

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