lunes, 13 de diciembre de 2010

LAS ARMAS Y LAS LETRAS (23) - Antonio Machado vs. Manuel Machado


De la obra "Las armas y las letras" de Andrés Trapiello, pág. 465:

"Cuando Antonio murió, tuvo lugar uno de los episodios sin duda más conmovedores en la vida de ambos hermanos, Manuel y Antonio, en la vida de uno y en la muerte del otro..., cuando uno y otro, en 1935, habían escrito ya El hombre que murió en la guerra, drama que se quedó sin representar a falta de un buen actor, cuando iba a haberlos tan buenos para ese papel un año más tarde.
De modo casual se enteró Manuel Machado por la prensa francesa, que se recibía en la Oficina de Propaganda en Burgos, de que el poeta español Antonio Machado había muerto en un pequeño pueblo del sur de Francia. Consiguió Manuel salvoconductos y llegó a Collioure en coche oficial y una escolta, desde Burgos. El viaje duró dos días. Allí le esperaba la noticia de que también acababa de morir su madre, enterrada con él en el mismo cementerio. Sabemos que Manuel pasó un día en Collioure, que agradeció a la dueña del hotelito donde murieron los últimos auxilios que ésta dispensó a su hermano y a su madre, y que permaneció la mayor parte de la jornada en el cementerio, junto a sus tumbas. ¿Se encontró allí con su hermano José, el dibujante, también exiliado? De ser así, nadie supo jamás de lo que se trató entre ambos. Ni Manuel lo contó ni José, que años después escribiría un opúsculo sobre la muerte de Antonio, mencionaría los pormenores de aquel encuentro, de haberse producido." [...]
"Algunos años después Manuel escribiría uno de sus más hermosos poemas y tal vez uno de los más hermosos de nuestra lengua. En cierto modo está escrito a medias con su hermano Antonio. Lo tituló "Ecos", y estaba encabezado por un verso de éste: "¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!" [...]

¿Qué tiene ese verso, madre,
que de ternura me llena,
que no lo puedo decir
sin que el corazón me duela...?

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!

¿Qué tienen, madre, qué tienen
estas palabras que suenan
tan adentro de mi pecho,
y tan lejos y tan cerca...?

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!

¿Qué dicen, sin decir nada...?
Sin contar nada, ¿qué cuentan?
De estas palabras sencillas
¿qué puso Antonio en las letras?

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!

Cuando en mis labios las tomo
y hasta mis oídos llegan...
¿por qué lloro sin consuelo?
y ¿por qué lloro sin pena?

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!

"Podemos entender estos versos como la respuesta de Manuel a aquellos otros bellísimos, escritos también en plena guerra, que Antonio le dirigió desde los huertos valencianos:

Otra vez el ayer. Tras la persiana
música y sol; en el jardín cercano,
la fruta de oro; al levantar la mano,
el puro azul dormido en la fontana.


Mi Sevilla infantil ¡tan sevillana!
¡cuál muerde el tiempo tu memoria en vano!
¡Tan nuestra! Aviva tu recuerdo, hermano,
No sabemos de quién va a ser mañana."

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