lunes, 6 de diciembre de 2010

LAS ARMAS Y LAS LETRAS (17) - Manuel Brunet

"Las armas y las letras" (Andrés Trapiello), página 431:

"Como ocurrió en Madrid en las primeras semanas de guerra, los escritores que en Barcelona estuvieron a favor del levantamiento, o se sumaron a él o trataron de salir de la ciudad o se quedaron, más o menos camuflados, como dice Orwell, "en espera de mejores tiempos".
Entre los primeros, los que trataron de amparar y extender la rebelión, los más notables fueron los falangistas Luys Santa Marina y Félix Ros. Entre los que salieron, hay que hablar de Pla, Ignacio Agustí, Gaziel o Tomás Garcés, a quien socorrió el poeta rosellonés Josep-Sebastià Pons; Marìa Manent, Mario Verdaguer, Foix, Brunet o Junoy fueron algunos de los que (con posiciones que iban desde el ultranacionalismo fascista de Foix al liberalismo conservador de Manent o al de Junoy, ex vanguardista convertido al catolicismo) se quedaron en Cataluña tratando de pasar inadvertidos. Como Manuel Brunet. Tenía cuarenta y siete años cuando empezó la guerra. Era de Vic, la más levítica de las ciudades catalanas. Había sido, como casi todos los de Vic en aquel entonces, seminarista. Luego fue periodista en catalán y en catalán escribió la cautivadora novela El maravilloso desembarco de los griegos en Ampúrias. Antes de la guerra era un personaje bastante conocido, revolucionario incluso y amigo de Nin, y en la guerra le mataron a un hijo... los suyos mismos. Se convirtió a la fe de sus mayores y se desdibujó cuanto pudo, hasta después de la guerra. Entonces empezó a escribir artículos furibundos y exaltados en la prensa, entre San Francisco de Asís y Maurras, así como prosas muy finas, religiosas, para purgar su barbarie, que le llevó también a muy acres polémicas con Dalí, que a partir de entonces llamó a todos sus enemigos "los brunets".

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