martes, 16 de noviembre de 2010

LAS ARMAS Y LAS LETRAS (8) - Poesía que destruye vs. Poesía que promete


En la página 291 de "Las armas y las letras" (de Andrés Trapiello) se puede leer:

"El 3 de diciembre de 1935 tuvo lugar una reunión en los bajos del restaurante Or-Kon-Pon de Madrid (otros hablan a veces de La Ballena Alegre), a la que Ridruejo, convocado por el Jefe, acudió con Pedro Mourlane Michelena, José María Alfaro, Agustín de Foxá, Rafael Sánchez Mazas, Jacinto Miquelarena (que recogería alguno de esos recuerdos del criptofalangismo en El otro mundo, su novela de guerra sobre la vida en las embajadas de Madrid) y el marqués de Bolarque. Todos eran, antes de la guerra, los poetas del partido, la corte de los poetas de José Antonio. Éste les había convocado para escribir la letra del himno de la Falange. El himno se tituló "Cara al sol", y lo acoplaron a una música que ya existía de Juan Tellería. Parece que de la mayor parte de la letra fue autor Foxá. Foxá siempre habló de "mi" himno. Sánchez Mazas, no obstante, dejó su impronta en algún que otro pasaje, como también Mourlane, y de Ridruejo fueron estos dos versos: "Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz".
Uno, la verdad, cree que todas estas cosas del himno tienen muy poco que ver con la literatura o con la poesía, aunque no así el "estilo" que se desprende de él, el "estilo" que la Falange trató de improntar en los artículos, poemas y libros que dieron a la luz todos aquellos escritores.
Los temas estaban extraídos con frecuencia de las canteras de la historia, española o italiana, el lenguaje tendió a cierto clasicismo, y las ideas se tiñeron de neoplatonismo. Incluso el propio José Antonio, del que son de sobra conocidas sus aficiones literarias y poéticas, tenía teorías propias sobre la literatura, y le gustaba decir que la Falange era un proyecto político encomendado a los poetas. Solía decir: "A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ay de aquel que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete". Basta asomarse a sus discursos para comprender que no son solo los de un político, sino también los de quien querría haber sido considerado un intelectual, un literato, a lo Ortega, a lo Unamuno. Incluso a lo Azaña. Lo han afirmado los que le conocieron: José Antonio, marqués de Estella, sentía debilidad por los intelectuales republicanos y de izquierda."

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