martes, 30 de noviembre de 2010

LAS ARMAS Y LAS LETRAS (14) - Rafael Sánchez Mazas


Andrés Trapiello, en la pág. 470 de su obra "Las armas y las letras", refiere lo que sigue:

"¿Fue Sánchez Mazas un hombre valeroso? No lo parece. Ledesma Ramos, por ejemplo, lo definió por escrito como "hombre no muy provisto de heroísmo". En todo caso durante la guerra no le dieron lugar a demostrarlo, porque la pasó la mitad en la embajada de Chile, en Madrid, y la otra mitad en cárceles catalanas.
Como se recordará, antes de la sublevación Sánchez Mazas había huido de Madrid, hacia Portugal, aprovechando un permiso carcelario que se le dio para conocer a su hijo recién nacido, permiso del que se beneficiaba bajo palabra de honor de no ausentarse de la capital. Solo la autoridad de José Antonio le obligó a regresar, lo que hizo sin prisas, pero el levantamiento le evitó tener que presentarse en la cárcel, como quería su jefe, y le llevó, tras ser detenido en la calle en un primer momento y puesto en libertad al hacer creer a la patrulla que llevaba un mensaje secreto a su amigo Prieto, a pedir asilo primero en la embajada de Polonia, que fue asaltada y de la que logró salir huyendo por una ventana, y luego en la embajada de Chile, cuyo embajador simpatizaba, sin recato, con las ideas de la rebelión y que por ello fue objeto de múltiples amenazas de asalto.
Durante el año que pasó en la embajada, Sánchez Mazas, por entretener el ocio de sus compañeros de cautiverio, escribió su novela Rosa Krüger, que se editó cincuenta años después, muerto ya su autor, espléndida, aunque inacabada novela, homenaje a Extremadura, el Pirineo y el corazón de Europa, con páginas memorables. La estructura bizantina de la obra recuerda las condiciones en que salió de la cabeza de su autor: capítulos cortos que escribía durante el día y leía al grupo de amigos por la noche, para hacerles corta la espera y liviano el encierro. Morla refiere que Sánchez Mazas le contó (julio 1937) que había escrito allí dentro "tres libros". Estaba desaseado y sucio (aunque una primera vez le había visto aseado e incluso perfumado). Cuenta Morla también que Sánchez Mazas le aseguró que Lorca vivía: "Pasear a este pez gordo sería rematar con un broche de oro su obra", le dijo con ese cinismo, desprecio y resentimiento tan españoles. Finalmente Sánchez Mazas, que desistió por miedo a pasar las líneas por la sierra madrileña, se fugó en un camión a Barcelona, y allí le detuvieron, recluyéndole a continuación en el barco-prisión Uruguay, el 19 de enero de 1938. La embajada de Chile no pudo hacer nada por él, al haberla abandonado. Morla dice que "siempre estaba asustado". Salió de la embajada sin decirle nada a nadie. Con un plan que le habían preparado desde fuera. Y todo salió mal.
Se dijo entonces que Azorín medió para librarle de una pena de muerte. Hay algún testimonio que lo confirma. También se propaló que se había intentado canjearle por los cuadernos del Diario de Azaña sustraídos en Ginebra, o, a través de su amigo Indalecio Prieto, por algún otro prisionero, lo que no se consiguió.
(...)
"Sánchez Mazas fue, sin duda, el intelectual por el que más respeto y simpatía sintió Jose Antonio, que le encargó su célebre Oración de los muertos; con el fundó la Falange y con él, en el piso que el primero ocupaba en el paseo de Rosales, discutió una tarde si FE debería presentarse con las izquierdas o con las derechas en las elecciones de 1933." (...) "...su mujer Liliana Ferlosio, resumió la conspiración: "Pudo el señorito que llevaban dentro, y apoyaron a las derechas".
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"Muchos de los mitos y símbolos del futuro falangismo español, así como buena parte de su retórica, se los proporcionó Sánchez Mazas: modelos históricos, interpretaciones del clasicismo literario y artístico y conceptos de la nueva catolicidad y europeidad carlomagnista, obtenidos de la ciudad imperial.
Si de alguien puede decirse lo que Payne afirmó de todo el falangismo español, es de Sánchez Mazas: "Su contenido ideológico era, en definitiva, menos importante que su tono emocional". Eso que se conoció como "el estilo" de Falange, entre la cursilería y la rudeza: la afectación como patología."
(...)
"Cuando terminaba la guerra, el ejército republicano arrastraba consigo a muchos prisioneros. Entre ellos iba Sánchez Mazas. Fue entonces, en el santuario de Collell, a primeros de febrero de 1939, cuando se le ametralló, junto a otros cuarenta y nueve presos, de los cuales murieron cuarenta y siete, que quedaron asesinados en aquel claro del bosque. La manera en que pudo salvarse pertenece a la leyenda y hubo ya otros lugares donde quedó contado...".

En la pág. 477 Trapiello incluye un fragmento del ensayo "Cárcel y libertad" de Sánchez Mazas:

"Tu cárcel era perfecta porque además estabas condenado a muerte, y la muerte era la única que a la puerta te esperaba, era tu única preocupación, la única que te reclamaba. Figúrate la infinita libertad de un hombre, cuya única preocupación es ya la muerte", seguirá diciendo. "Así durante más de un año fuiste libre en las cárceles, como nunca. Un día te sacaron de la prisión, te sacaron al bosque con otros muchos compañeros y te fusilaron. Te levantaste ileso de entre los muertos y echaste a andar por el bosque, durante días. Pero como dijo San Francisco de Sales, este tiempo tan agradable no podía durar mucho. No estabas en la cárcel y sin embargo seguía siendo libre, porque tu cárcel y tu libertas las llevabas aún contigo mismo y eran el mundo entero. Vivías de limosna, dormías bajo las estrellas. Nadie te conocía, nadie sabía de tu nombre. Sólo tenías una obligación: vivir en cuerpo y alma. Era maravilloso. Eras un preso sin cárcel, sin carceleros, sin horario, sin campanas, con el sol, la luna y las estrellas y el viento entre los árboles. Pero separado de la sociedad como un preso, desligado de toda ligadura civil y doméstica, sin nada que te atase a las personas, a las cosas, a las acciones. Eras un mendigo. Entonces descubriste que la Pobreza, la vida mendicante, humilde y anónima, era hermana gemela de la libertad aquella de la cárcel, era esencialmente ella misma...".

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